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Diez años sin Alejandra Boero

“Hay que tener confianza en el hombre para que se pueda desarrollar en lo que sea –dijo en una oportunidad–. Ante todo, hay que darle la libertad para que realice aquello que quiere, no aquello a lo que se siente obligado porque le da de comer. Cuando el hombre es él mismo, es mejor persona. Y es lo suficientemente generoso para reconocer a otras buenas personas y les va a dar crédito para que crezcan. Siempre tuve fe en que podía construir una vida mejor. La vida mejor consiste en ser fiel a uno mismo, no engañarse, no mentir y no disfrazarse de nada.” (Alejandra Boero, Dic. 1918 – Mayo 2006).
A diez años de su partida trabajamos incansablemente para hacer honor a su legado.

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Mercedes Fraile y Élida Schinocca: Una cátedra de Actuación en Andamio 90

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Luego del estreno de Los derechos de la salud, de Alfredo Martin, conversamos con dos de sus actrices, también Profesoras de nuestra Institución.

Mercedes Fraile, Actriz y Profesora de Actuación de 4to año de las Carreras de Actuación, Profesorado de Teatro y Dirección Teatral, nos cuenta qué significa para ella actuar en el escenario de Andamio 90, lugar donde también desarrolla su labor docente:

MF: Me parece importante poder trabajar como actriz y en el lugar donde también enseño, donde soy docente. Muchas veces los alumnos, me lo han dicho, comprenden cosas que uno habla en clase, o o que hablan del proceso de aprendizaje viendo al profe laburar. Me parece que es una experiencia interesantísima. Primero, porque me encanta trabajar en Andamio 90, es uno de los teatros independientes más importantes de Buenos Aires, con más historia, así que ya ahí hay algo muy interesante. Segundo, es un lugar donde doy clase y pueden ver los alumnos lo que yo digo en clase puesto en mi cuerpo, en mi experiencia como actriz y bueno incluso me han dicho a veces ‘te veo actuar y entiendo cosas o ah era esto lo que me decías, de lo que hablábamos’. Es bueno ver a los profesores de uno trabajando, está bueno para los alumnos también, esta posibilidad que tiene la escuela de tener este flor de teatro.

Estoy actuando con una ex-alumna mía, Rosana López que fue alumna mía y ahora está trabajando una escena conmigo. También fue fuerte eso para ella, para mí. Ella está chocha con eso. Estoy compartiendo escenario con profesores de la escuela, con Marcelo Bucossi con el que ya vengo compartiendo muchas horas, que es mi jefe, el director de la escuela. Con Élida que es mi compañera de otra materia. Me parece que es un lugar donde uno siente que es como su casa también, y que te da esa opción, te da esas posibilidades.

Ahora también voy a trabajar con alumnos que egresaron, una obra que salió muy bien en la muestra y la vamos a hacer para espectadores, como espectáculo, yo voy a dirigir. Auto de fe entre bambalinas de Patricia Zangaro, ya conseguimos los derechos. Otro profesor, Calmet, me va a ayudar con la escenografía y la luz, y digo, es excelente toda esta experimentación que uno puede hacer en la dirección.

Trabajar como actriz a la vez como docente en este mismo ámbito creo que para los alumnos debe ser interesante también, tener un lugar donde saben que están en una sala de teatro, que pueden llegar a cumplir su sueño de actuar…está tan difícil el trabajo afuera, hay teatros cerrados, con el aumento de la luz hay muchos teatros que van a cerrar, entonces tener este espacio de pertenencia es muy bueno.

A90: Contanos sobre la obra y su actualidad.

MF: Con respecto a la obra me parece de una gran actualidad. Esta obra se escribe en 1905 y hoy sigue siendo actual el tema de los derechos de los enfermos a seguir decidiendo sobre su propia vida, que es un reclamo que hace Luisa, mi personaje, que como enferma quiere seguir gobernando su vida, su casa, su familia y no la dejan. Le empiezan a manipular la vida, le ocultan cosas, no le dicen de qué está enferma. No sólo es la enfermedad sino cómo la familia empieza a funcionar alrededor del enfermo y termina enfermándose la familia también. Y creo que esto sigue teniendo vigencia, el derecho de los enfermos, el derecho a la muerte digna, de lo que hoy se habla mucho incluso hay leyes al respecto. Me parece que no importa qué enfermedad, quizá la enfermedad de la que la obra habla, la tuberculosis, ya está superada pero no importa. Hablemos del Sida hace poco, o de la enfermedad que queramos hablar y va a ocurrir, vamos a hacernos los mismos planteos éticos sobre el derecho de los vivos, los que están sanos, los enfermos, así que me parece de gran actualidad la obra y el planteo de Alfredo Martin y la propuesta que hace que es muy interesante también y renueva un texto clásico.

A90: ¿Cómo fue el trabajo que hiciste para componer a Luisa, tu personaje?

MF: Alfredo es médico, por eso se habló bastante del tema de la enfermedad, de cómo funcionaban los tuberculosos. Se dice en la obra también mucho de cómo funciona un tuberculoso, que tiene momentos de éxtasis, de alegría, pero la fiebre está, está con fiebre constante entonces hay un estado físico muy interesante para actuar porque está como corrida, está totalmente fuera de eje porque está afiebrada todo el tiempo, porque está alterada, con los nervios muy a flor de piel. Hablamos mucho de esto con Alfredo y me fui metiendo en esa zona de trabajar un cuerpo dolorido, un estado afiebrado, un estado de nervios constante pero a la vez cuando llego a esos estados de gran nerviosismo la respiración que no me da o el cuerpo que no te permite porque te excitás mucho. Muy interesante para actuar, muy rico para un actor, un desafío grande.


 

También conversamos con Élida Schinocca, Actriz, Coordinadora de Prácticas de la Enseñanza I, II y III y Profesora de Residencia de la carrera Profesorado de Teatro de nuestra Institución.

A90: ¿Cómo te encuentra este papel a nivel personal y profesional?

ES: Esta pregunta es muy interesante y oportuna, casi como si antes la hubiéramos pautado, pero sabemos que no, y te digo por qué. Desde lo personal lo vivo como una asignatura pendiente. Antes de los ’90 fui alumna de actuación de Alejandra Boero; luego tuve la suerte de que me convocara como actriz bajo su dirección primero en el Teatro San Martín y luego, también con su dirección, en el Teatro Nacional Cervantes. No sólo emoción, sino agradecimiento hacia ella. Luego nació Andamio 90, en el cuál dirigió varias veces y yo siempre le pedía que me tuviera en cuenta para trabajar en este Teatro y Alejandra me decía ‘No…vos sos profesional…esto es para alumnos…’. Bueno, en síntesis, hoy, pasados los años, se cumple mi deseo de, como se dice, ‘pisar actuando este escenario’…muy feliz y agradecida.

Desde lo profesional siempre es, por suerte, teniendo en cuenta que te invitan a ser parte del elenco y que han pensado en vos para el personaje, una gratificación, me encuentra más madura, permitiéndome otros desafíos y siguiendo esta vocación tan maravillosa.

A90: ¿Tiene algún condimento extra el hecho de actuar en Andamio, lugar donde también desarrollás tu tarea docente?

ES: Y, diría que en parte, no porque estoy en Teatro Andamio 90 se hace especial, también puedo, de hecho fue así, estar actuando en otro teatro. Creo que, en última instancia, lo especial o quizás lo interesante es que, yo o cualquier docente teatral, esté vigente en su actividad actoral porque te va sosteniendo, te retroalimenta. Lo importante es poner en acción lo que se transmite en la formación y, ojo, esto no tiene nada que ver con ser o “querer mostrarse” ejemplo de actriz buena o mala…tiene que ver con lo ideológico y con una elección vital de ser actriz y docente, más allá de los docentes, absolutamente respetables, que no aspiran a subir al escenario y transmiten muy buenas enseñanzas. Yo tengo mi partecita ego y me encanta que los alumnos vengan a compartir mis trabajos, pero también los estimulo mucho a que deben ver obras teatrales. Es parte de mi pedagogía teatral.

A90: ¿Por qué hay que ver Los derechos de la salud?

ES: Porque el autor y la obra lo merecen. Es una obra humana donde todos sus personajes recorren situaciones que tienen que ver con los límites de sus fuerzas para querer ser y no traicionarse, de su capacidad de transitar situaciones que van desde la verdad real y la mentira piadosa y egoísta, que sólo conducen a la soledad y a lo casi imposible, el tema de la moral. Todos ellos desde la actuación tienen territorios riquísimos para desarrollar y crear. El tema de la enfermedad que plantea la obra está muy bueno para reflexionar las conductas sociales actuales, siempre vigentes. Por otro lado, apreciar la dramaturgia, la estética diseñada por el director donde el público vive la experiencia de transitar por el espacio escénico junto con los actores, y….¿por qué no? Muy buenas actuaciones.


 

Los derechos de la salud, de Alfredo Martin sobre texto de Florencio Sánchez. Viernes 20.30 hs en Andamio 90.

Reservas: 4373-5670 / http://www.alternativateatral.com

(Fotografía: Sol Atta)

“El teatro no es un templo, es un taller”

Compartimos con ustedes la nota a Alejandro Samek realizada por Federico Irazábal y publicada en La Nación, en ocasión de la celebración de los 25 años de Andamio 90.
http://www.lanacion.com.ar/1836149-andamio-90-cumple-25-anos-como-usina-de-artistasalesamek

Corría el año 1990. Los acontecimientos políticos, sociales y económicos bullían anticipando una década de gran movimiento, con todo lo que ello pudiera implicar. Apenas un año antes se había producido una serie de hechos singulares que generaría un sismo en el panorama teatral: la aparición de El Periférico de Objetos (Ana Alvarado, Daniel Veronese y Emilio García Wehbi), Javier Daulte, Alejandro Tantanian, Luis Cano y Rafael Spregelburd, entre muchos otros. Junto con esos nombres, también comenzaba a aparecer la necesidad de multiplicar los espacios teatrales. Las salas se iban desparramando por la ciudad junto con modelos escénicos y de gestión bien diferenciados. Uno de ellos, resultado de la pujanza e idealismo de su fundadora, la actriz y directora Alejandra Boero, fue Andamio 90, sala que abrió sus puertas en el año 1990 para dar inicio a un largo y complejo recorrido que acabó por convertirlo en un clásico del teatro de Buenos Aires.

“Eran otros tiempos”, cuenta Alejandro Samek, hijo de la gran artista argentina y rector del Colegio Superior de Artes del Teatro y la Comunicación, que funciona en la sala y que ofrece título oficial. “En aquel entonces, ser un artista independiente era estar enfrentado a los empresarios y al Estado. Cuando los artistas nos definíamos así, era porque teníamos una línea ideológica en aquello que queríamos hacer en nuestros espacios. Y buscábamos hacer algo distinto a lo que el Estado podía hacer en sus salas y con sus compañías, o también diferenciarnos del productor teatral. Hoy estas barreras son menos firmes. Estamos todos en un mismo lado, cada uno haciendo lo propio, pero con un grado de profesionalización, o de institucionalización, tal vez mayor.”

Y, probablemente, la palabra institucionalización marca la historia de Andamio 90 de un modo en el que tal vez no impactó tanto en otras salas que corrieron diversa suerte.

La historia con la pedagogía teatral remite al año 1967, año en el que la Boero (llamada así como forma de respeto, de jerarquización) comienza con sus talleres de teatro. Pero esto va a sistematizarse cuando logre tener su propio espacio, lo que sucedió gracias a su amigo el arquitecto García Vázquez, que, al morir, dejó su fortuna para ser distribuida entre sus amigos. Con ese dinero, unos 50.000 dólares, Boero pudo comprar el edificio y comenzar las reformas. Para eso, primero hipotecó su propia vivienda y luego la de su hijo. Así fueron realizando las adaptaciones del edificio para la construcción de la sala y los ámbitos pedagógicos para inaugurarlo, en 1991, con el estreno de Final de partida, de Samuel Beckett, con el memorable trabajo de Alfredo Alcón.

Por supuesto que, para lograr la inserción que hoy tiene Andamio en la comunidad teatral, hubo que ir adaptándose a los tiempos. “Mamá se resistía mucho a la oficialización de la escuela -cuenta Samek, porque pensaba que iba a venir alguien que no sabía de su oficio a decirle a ella lo que tenía que hacer. Y no sé si estaba tan equivocada en este asunto, pero sí era necesario oficializar la enseñanza para darle una jerarquía distinta. Desde 1999, estamos incorporados al sistema oficial de enseñanza, dictamos tres carreras y tenemos alrededor de 400 alumnos y una planta de personal que, entre docentes y no docentes, ronda las 60 personas. Ver que ese sueño de mamá se convirtió en esta enérgica y dinámica vorágine diaria es la certeza y el orgullo del sueño cumplido.”

Año de celebraciones

Además de la escuela y de los espectáculos que Andamio 90 ofrece regularmente en cartelera, el lugar también está abocado por estas semanas a ser sede de diversos eventos teatrales. Entre el jueves y el lunes, albergará al Encuentro Latinoamericano de Teatro, con espectáculos de Bolivia, México, Uruguay, Ecuador, Puerto Rico, Chile, Cuba, Nicaragua y Perú (hay más información en elti.com.ar). Y, entre los espectáculos en cartelera, continúa Pessoa, escrito en su nombre, escrito y dirigido por Alfredo Martín, y Lisístrata o la rebelión de las mujeres, con dirección de Roberto Monzo y versión del recordado Rodolfo Roca. Para finalizar las celebraciones, el 7 de noviembre, se realizará una única función de Escandinavia, espectáculo escrito por Lautaro Vilo y con dirección y actuación de Rubén Szuchmacher.

El teatro no es un templo, es un taller

El teatro porteño no sería el mismo con Alejandra Boero que sin ella. Y todo tal vez sea mérito de un entrañable Pedro Asquini, quien, un día, mientras barría la vereda de un pequeño teatro, se encontró con una joven muchacha a la que invitó a ingresar: se trataba del mítico teatro La Máscara, sala y compañía en la que la muchacha se quedó hasta los años 50, cuando fundó el otro gran antecedente del teatro independiente actual: Nuevo Teatro. Pero, más allá del lugar y de los compañeros, la idea parece haber sido siempre la misma: “El teatro no es un templo, es un taller”. Esa frase, que se encontraba escrita en una de las paredes de La Máscara, acompañó a Boero a lo largo de toda su trayectoria y de su labor como militante de la escena. En ese imaginario teatral se formaron dos de sus más sobresalientes discípulos: Luciano Cáceres y Claudio Tolcachir.

El lema nombra, antes que nada, una forma de pensar el oficio, que fue el modo vector en el que Boero comprendió que había que entender el teatro: un lugar en el que todos, cada uno con su oficio y sus deseos, hacen todo. El actor barre, el director trapea. Sin divismos, sin jerarquías y sin desplantes, un tipo de teatro que encontraba en ese modelo de gestión un modo de producción y de vida.

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Bienvenidos al Blog de Andamio 90

Les damos la bienvenida al blog de Andamio 90. Un espacio creado para compartir la experiencia de hacer, estudiar y vivir el teatro.

Te invitamos a formar parte de este colectivo de trabajadores del teatro, donde honramos con nuestro quehacer el espíritu del movimiento teatral independiente del cuál fue pionera y fundadora la actriz, directora y maestra de actores Alejandra Boero.

Bienvenidos, y que comience la función!

Video conmemorativo de los 25 años de la creación de Andamio 90 celebrados el 9 de diciembre de 2015.

“Luego de casi 20 años de militancia en el movimiento teatral independiente argentino, hemos aprendido duramente que hacer teatro no es un privilegio y, si lo fuera, se adquiere trabajando y estudiando, y además trae consigo una pesada responsabilidad social. (…) Luchamos acerbamente contra la improvisación, la deshonestidad, el envanecimiento y la venalidad que han aplastado al teatro argentino. Es decir, hemos procurado hacer honor a la profesión y militancia independiente, justificando nuestra permanencia en las tablas por el sentido que otrogamos a nuestra vocación, el respeto hacia el autor elegido y la fe en una humanidad con menos problemas que los que hoy preocupan al hombre.”

Alejandra Boero – Pedro Asquini

Buenos Aires, 1960.